viernes, 10 de enero de 2014

♥•·._Encendamos las Velas•·._♥


 
Es cierto que no es posible despertar todos los días con una sonrisa en el rostro. La vida se encarga de traernos acontecimientos difíciles, llenos de tristeza. No es posible mantener el optimismo cuando somos testigos de los lamentables hechos que los noticieros todos los días nos presentan. Hay todavía tantas injusticias en el mundo, que es imposible querer sonreirle a la vida todos los días. Pero tampoco se trata de estar siempre apenados: 

Cuatro Velas se estaban consumiendo lentamente, el ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas. 
La primera dijo: 
-¡Yo Soy la Paz! A pesar de mi Luz, las personas no consiguen mantenerme encendida. Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente. 
La segunda dijo: 
-¡Yo me llamo Solidaridad! Infelizmente soy superflua para las personas, porque ellas no quieren comprometerse con el sufrimiento de los demás, por eso no tiene sentido continuar quemándome. Al terminar sus palabras, un viento se abatió sobre ella, y ésta se apagó. 

En voz baja y triste la tercera vela se manifestó: 
¡Yo Soy el Amor! No tengo mas fuerzas que quemar. Las personas me dejan de lado porque solo consiguen manifestarme para ellas mismas; se olvidan hasta de aquéllos que están a su alrededor. Y también se apagó. 
De repente entró una niña y vio las tres velas apagadas. 
-¿Qué es esto? Ustedes deben estar encendidas y consumirse hasta el final. 
Entonces la cuarta vela, habló: 

-No tengas miedo, niña, en cuanto yo esté encendida, podemos encender las otras velas. 
Entonces la niña tomó la vela de la Esperanza y encendió nuevamente las que estaban apagadas. 
Mantengamos la confianza en que con la esperanza encendida podemos conseguir que las cosas mejoren, con ella encendamos las demás velas, encendamos nuestra vida entera y luego la de los demás, seamos luz donde hay oscuridad y tinieblas, con la certeza de saber que estamos en esta vida para ser verdaderamente felices. 

* LA ESTRELLA DE LA ESPERANZA *


Cualquier espejo normal da su mensaje. El espejo revela la verdad de nuestro rostro. Quien huye de sí mismo acusa de mentiroso al espejo. A Quien vive creando imágenes falsas de sí, imágenes que no corresponden a la realidad, cree que todos los espejos deforman.

Cubierto de máscaras, protegido por corazas, confundido dentro de sí mismo, el hombre no siempre tiene interés en conocerse. El autoconocimiento implica reformular, cambiar la vida.

¡Dios mío, cómo temen los hombres recomenzar sus vidas! ¡Cómo nos obstinamos en descender a la zona más profunda de nuestra personalidad!

2. Recomenzar la vida exige dolorosos viajes al interior. Y son pocos los “turistas” que aceptan ese tipo de viajes, el viaje hacia la zona más profunda de nuestra personalidad.

El viaje nos asusta. Recomenzar la vida nos asusta todavía más. Porque recomenzar la vida implica romper, cambiar.

Recomenzar exige desinstalarnos. De cosas, de personas. Cortes dramáticos, cortes profundos. ¡Cómo nos cuesta realizarlos! Cambiar de camino, abandonar posiciones, modificar metas, golpearnos el pecho, hacer un acto de humildad, pedir perdón a Dios, a nosotros mismos y a los demás… ¡Cómo huimos de estos encuentros existenciales!


Recomenzar la vida es modificar la autoimagen que nos habíamos hecho y que otros tenían de nosotros.

Recomenzar la vida es dejar caer la máscara, la fantasía.

Recomenzar la vida es despedirse de todas las artimañas que encubren nuestra personalidad.

Recomenzar la vida es presentarse delante de los otros y de uno mismo con el rostro descubierto.

Recomenzar la vida es sinónimo de conversión. Y no siempre estamos dispuestos a dar ese paso, a realizar ese gesto.


Cualquier espejo normal refleja una imagen, sin mentir.

Los que no desean recomenzar su vida, racionalizan sus posturas diciendo que el espejo miente, que distorsiona…

Los que son conscientes de la necesidad de recomenzar, agradecen al espejo el consejo que les dio.

Los primeros huyen. Los últimos hacen frente a su verdad.

Y crecen. Delante de ellos mismos. Delante de los demás. Y frente a Dios.